De nuevo 20 de diciembre. Diciembre, sí diciembre, bendito final de diciembre. Ese mes que si no fuera por el cumpleaños de su abuela, borraría del calendario. Ella vuelve. Vuelve porque no le queda más remedio, aunque de todos modos, esté donde esté puede ver que el mundo ya se ha vuelto tonto. Hoy enciende el televisor, y ante sus ojos, media China ya celebra la navidad. ¿Qué está pasando? Lo que le faltaba por ver. Y es que por hache o por be, las navidades dejaron de tener sentido años atrás. Le tocó como a otros muchos hacerse mayor antes de tiempo.
Pero vuelve, como no va a volver. Y se redescubre a sí misma. Siempre dijeron que la navidad era momento de esas cosas, pero ella nunca lo creyó. Fue así, se dio cuenta de que lo importante ya no era el turrón, no eran los regalos, ni siquiera el sentarse en una mesa con toda la familia para terminar finalmente, tirándose de los pelos cada año. Da igual el tema que sea, se tiran de los pelos porque es tradición. Pero como venía diciendo, descubrió que el sentido de la navidad era volver a ver esos ojos que brillan de felicidad, de la cual quizá tengas culpa; sentir ese abrazo que te destroza cada hueso; cada sonrisa a tu alrededor y el sonido de las risas. Sí, ese sonido que si nos paramos un segundo a escuchar con detenimiento, poco tiene que envidiar a la más bella sinfonía. Entonces encuentra que hay motivos por los que vale la pena sonreír, por los que valía la pena volver.
Con el paso de los años descubrió que la vida era un puzle. Un puzle gigante que aunque a veces llega a pensar que está completo, siempre está por terminar. Siempre. Sabe que tiene miles de piezas colocadas, pero bueno… nunca viene mal quitarle el polvo; tienen que volver a hacerlas brillar con laca de mil sonrisas. Comprendió que algunas no llegaron a encajar. Que otras tan solo hacen un poquito de daño, y bueno, era cuestión de darle la vuelta y colocarlas bien; encontrarle su sitio. Sin embargo también era consciente de que le quedaba camino, y mil piezas por descubrir, aunque sabe que ya tiene incontables e intocables piezas ancladas en su puzle. Piezas que no piensa cambiar. Piezas que pusieron gente que está y gente a la que echa mucho de menos, pero a los que está más que agradecida por ello. Agradecida por hacer su vida en ocasiones más dura, más amarga y en otras más feliz y más bonita, pero sobre todo lo está por hacer que su pequeño pero importante puzle ya no sea en blanco y negro.
I don't know if I can. Who knows? But if you let me I could try to relocate your puzzle, your room or your world.
ÁngelaNG
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