lunes, 19 de enero de 2015

Primera clase de interpretación. Maravilloso

Wear sunscreen
If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it. The long-term benefits of sunscreen have been proved by scientists, whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience. I will dispense this advice now.
Enjoy the power and beauty of your youth. Oh, never mind. You will not understand the power and beauty of your youth until they've faded. But trust me, in 20 years, you'll look back at photos of yourself and recall in a way you can't grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked. You are not as fat as you imagine.
Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind, the kind that blindside you at 4 p.m. on some idle Tuesday.
Do one thing every day that scares you.
Sing.
Don't be reckless with other people's hearts. Don't put up with people who are reckless with yours.
Floss.
Don't waste your time on jealousy. Sometimes you're ahead, sometimes you're behind. The race is long and, in the end, it's only with yourself.
Remember compliments you receive. Forget the insults. If you succeed in doing this, tell me how.
Keep your old love letters. Throw away your old bank statements.
Stretch.
Don't feel guilty if you don't know what you want to do with your life. The most interesting people I know didn't know at 22 what they wanted to do with their lives. Some of the most interesting 40-year-olds I know still don't.
Get plenty of calcium. Be kind to your knees. You'll miss them when they're gone.
Maybe you'll marry, maybe you won't. Maybe you'll have children, maybe you won't. Maybe you'll divorce at 40, maybe you'll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary. Whatever you do, don't congratulate yourself too much, or berate yourself either. Your choices are half chance. So are everybody else's.
Enjoy your body. Use it every way you can. Don't be afraid of it or of what other people think of it. It's the greatest instrument you'll ever own.
Dance, even if you have nowhere to do it but your living room.
Read the directions, even if you don't follow them.
Do not read beauty magazines. They will only make you feel ugly.
Get to know your parents. You never know when they'll be gone for good. Be nice to your siblings. They're your best link to your past and the people most likely to stick with you in the future.
Understand that friends come and go, but with a precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography and lifestyle, because the older you get, the more you need the people who knew you when you were young.
Live in New York City once, but leave before it makes you hard. Live in Northern California once, but leave before it makes you soft. Travel.
Accept certain inalienable truths: Prices will rise. Politicians will philander. You, too, will get old. And when you do, you'll fantasize that when you were young, prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders.
Respect your elders.
Don't expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund. Maybe you'll have a wealthy spouse. But you never know when either one might run out.
Don't mess too much with your hair or by the time you're 40 it will look 85.
Be careful whose advice you buy, but be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia. Dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it's worth.
But trust me on the sunscreen.

domingo, 18 de enero de 2015

Tiempo perdido

Leer un libro, hacer el amor, y conocer a alguien
es tiempo perdido, si se hace con prisa.

TuristaEnTuPelo- Carlos Miguel Cortés

viernes, 16 de enero de 2015

qué idiota

Empecé a creer que no eras normal, que esto no era normal
Comencé a pensar, que eras demasiado bueno, tan bueno que no eras para mí
y así fue, no eras para mí porque eres gilipollas.
Resulta que sigues siendo como todos los demás.

©ÁngelaNG

domingo, 11 de enero de 2015

La traductora a la que se le quedaron cortas las palabras


Llega al instituto, y  esa pequeña de catorce años se da cuenta de que lo que le  gusta es el inglés. ¿Por qué? Pues ni idea. Ella aún no lo sabe.

Después decide ir de intercambio a ese país del norte, dónde vive la reina madre y dónde todos hablan susodicho idioma, y claro ya empieza a verlo todo más claro. A ella lo que de verdad le gusta es algún que otro hijo de la gran Bretaña. Rubitos, ojitos azules y esas cosas.  Y ya por último estaba aquello de ver a su madre y a su abuela súper orgullosísimas porque su hija/nieta habla un inglés supercalifragilísticoespialidoso. Eso es  lo que creen, y dejemos que  lo sigan haciendo.

Pero todo eso le sirve, para darse cuenta, que lo que verdaderamente le gusta es comunicar, que le gusta transmitir, y ayudar a que la gente llegue a entenderse para poder así ver la sonrisa en la cara de aquellos que consiguieron.  Descubrió que le gustaba más de la cuenta memorizar palabras, frases y textos en ambos idiomas; que no podía pasar la página de un libro sin buscar esa palabreja que no entendió; que no podría dormir si no hallaba la correspondencia de ese dichoso vocablo en la otra lengua; y que ya no podía vivir sin un diccionario.

Decidió estudiar traducción e interpretación (y no, no quería ser actriz que quede bien clarito), porque es muy bonito lo de enseñar pero se le quedaba corto. Por eso, cuando llegó su momento eligió esa carrera. No era lo que se esperaba, pero allí le contaron miles de cosas que bueno, eran interesantes.  Le dijeron que no todas las palabras existen en todos los idiomas, y que solo las importantes coinciden como agua o corazón; o que los esquimales tenían más de cien términos para describir los diferentes tipos de blanco de la nieve. Le hicieron estudiar hasta la saciedad que la lengua aunque bien pueda crear por si misma todo lo que necesita con sus propios mecanismos, no es nada sin el lenguaje corporal. Aquello que tuvo que aprender a golpes de martillo y que muchos lingüistas llaman información pragmática. Pero a pesar de todo, siguió creyendo que la lengua era el mejor recurso que el humano poseía, y que a veces no necesitaba nada más.

Pero ahora llega él. La mira a los ojos y le retira el pelo de la cara con sus dedos. Y ella, defensora a ultranza de las palabras, se queda sin ellas.  Cuando llega a casa, coge papel y lápiz e intenta poner por escrito, aquello que le hizo y  aquello que sintió, pero el papel sigue en blanco y el lápiz no se mueve. Y es que no. No hay ni habrá palabras para eso.

ÁngelaNG.

Por pedir, que no quede.


¿Y con los pies calientes?


"Con los pies fríos no se piensa bien". Quien no conozca esa frase de esa dichosa canción que nos pasamos muchos todo un verano cantando, es que ya está algo mayorcete.
 Hoy, un helador diez de enero; de esos que necesitas más capas que una alcachofa para entrar en calor porque hace más frío que en el cumpleaños de Pingu, me meto en la cama para combatir el frío.
Dos de la mañana y no hay forma humana de que me duerma. Estoy helada, pero resulta que  yo lo que tengo son los pies caliente, vaya que me arden. E intentando pensar, me viene a mi esa frasecita a la cabeza: Con los pies no se piensa bien... pero ¿y con los pies calientes? Yo sinceramente no sé si es que soy rara, y esto solo me pasa a mí. La verdad nunca lo comenté con nadie, pues no es un tema muy apropiado. 
-¿Oye qué tal andan tus pies? ¿Le entran calores? , es que los míos están como menopaúsicos y vaya, que no me dejan ni dormir.
-Pues no sé que tal tus pies, pero vamos, tú lo que eres es medio gilipollas.
 En algo así me da que acabaría la conversación... La cosa es que a mi esto empezó a pasarme hace ya varios veranos, muchos, pero ningún invierno. 
Como comprenderéis, si no lo habéis sufrido no, claro está, con los pies calientes tampoco se piensa bien. Y aquí ando, dos de la mañana, teniendo que madrugar e intentando pensar, o no pensar. Ya ni lo sé. Pero no me dejan, no me dejas.
Me dices que tienes frío. Me sueltas que ojalá estuviera allí. Y yo lo que necesito es que dejes mis pies tranquilos, para que pueda volver a controlar mi cabeza. Si es que alguna vez lo consigo.
Porque llegas, y enero ya no es lo que era.
Casi ni me has tocado, pero mi enero, ya no es tan frío.
Ya no duermo en Siberia. 


Y ahora que veo que esto va de canciones, me viene otra a la cabeza..."Qué si el invierno viene frío, quiero estar junto a tí". Quien sabe, quizás más que nuestros pies puedan complementarse y nunca más necesites calcetines.

ÁngelaNG

sábado, 10 de enero de 2015

Mi pequeño pero gran puzle

De nuevo 20 de diciembre. Diciembre, sí diciembre, bendito final de diciembre. Ese mes que si no fuera por el cumpleaños de su abuela, borraría del calendario. Ella vuelve. Vuelve porque no le queda más remedio, aunque de todos modos, esté donde esté puede ver que el mundo ya se ha vuelto tonto. Hoy enciende el televisor, y ante sus ojos, media China ya celebra la navidad. ¿Qué está pasando? Lo que le faltaba por ver. Y es que por hache o por be, las navidades dejaron de tener sentido años atrás. Le tocó como a otros muchos hacerse mayor antes de tiempo.
Pero vuelve, como no va a volver. Y se redescubre a sí misma. Siempre dijeron que la navidad era momento de esas cosas, pero ella nunca lo creyó. Fue así, se dio cuenta de que lo importante ya no era el turrón, no eran los regalos, ni siquiera el sentarse en una mesa con toda la familia para terminar finalmente, tirándose de los pelos cada año. Da igual el tema que sea, se tiran de los pelos porque es tradición. Pero como venía diciendo, descubrió que el sentido de la navidad era volver a ver esos ojos que brillan de felicidad, de la cual quizá tengas culpa; sentir ese abrazo que te destroza cada hueso; cada sonrisa a tu alrededor y el sonido de las risas. Sí, ese sonido que si nos paramos un segundo a escuchar con detenimiento, poco tiene que envidiar a la más bella sinfonía. Entonces encuentra que hay motivos por los que vale la pena sonreír, por los que valía la pena volver.
Con el paso de los años descubrió que la vida era un puzle. Un puzle gigante que aunque a veces llega a pensar que está completo, siempre está por terminar. Siempre. Sabe que tiene miles de piezas colocadas, pero bueno… nunca viene mal quitarle el polvo; tienen que volver a hacerlas brillar con laca de mil sonrisas. Comprendió que algunas no llegaron a encajar. Que otras tan solo hacen un poquito de daño, y bueno, era cuestión de darle la vuelta y colocarlas bien; encontrarle su sitio. Sin embargo también era consciente de que le quedaba camino, y mil piezas por descubrir, aunque sabe que ya tiene incontables e intocables piezas ancladas en su puzle. Piezas que no piensa cambiar. Piezas que pusieron gente que está y gente a la que echa mucho de menos, pero a los que está más que agradecida por ello. Agradecida por hacer su vida en ocasiones más dura, más amarga y en otras más feliz y más bonita, pero sobre todo lo está por hacer que su pequeño pero importante puzle ya no sea en blanco y negro.

I don't know if I can. Who knows? But if you let me I could try to relocate your puzzle, your room or your world.

ÁngelaNG